La virtud de la fidelidad.
La virtud de la fidelidad es el mantener el compromiso libremente aceptado y el empeño en terminar cualquier misión en la que uno se a comprometido.
La fidelidad es, como dice Santo Tomás, "cumplir exactamente lo prometido, conformando de este modo las palabras con los hechos".
Somos fieles si guardamos la palabra dada, si nos mantenemos firmes a pesar de los obstáculos y dificultades en los compromisos adquiridos.
La fidelidad está íntimamente unida a la perseverancia y con frecuencia se identifica con ella.
El ámbito de la fidelidad es muy amplio: con Dios, entre cónyuges, entre amigos. Es una virtud esencial: sin ella es imposible la convivencia. Referida a la vida espiritual, se relaciona estrechamente con el amor, la fe y la vocación.
Nuestra época no es una que se caracterice por el florecimiento de esta virtud de la fidelidad, quizá por el Señor nos pide que la apreciamos más tanto en nuestros compromisos de entrega adquiridos como el en la vida humana y en las relaciones con otros.
Toda la fidelidad debe pasar por la prueba mas exigente: la duración.
Es fácil ser coherentes por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Y solo puede llamarse fidelidad a una coherencia que dura a lo largo de nuestra existencia, ya sea en la calma como en las tempestades.
Lo contrario, que es la infidelidad nace de la soberbia, por lo cual el hombre no somete su entendimiento a las reglas de la fe y a las enseñanza de los padres.
El infiel se enfurece cuando los demás no son fieles en pequeños detalles y sus exigencias son exageradas no fiándose de nadie, para nada. Creen que todos son infieles como ellos y viven llenos de desconfianza.
Autor: anónimo

