Amor ausente
Fue un amor a distancia,
absorbente y profundo,
que vertió luz intensa sobre mi
estéril mundo.
Fue el clamor estentóreo de
vibrante campana,
resucitando el eco de una
pasión temprana.
Vino como una musa, recitando
cantares,
filtrándose en mi arena,
subiendo a mis altares.
La percibí a mi lado como una
frágil rosa
abriéndome sus pétalos,
ingenua y temblorosa.
Se me adentró en el alma, y
navegó en mis venas,
arrasando a su paso mi muro y
mis almenas.
Galvanizó mi entraña con la
encendida furia
de una sed insaciable de
candente lujuria.
La contemplé desnuda, dulce y
acogedora,
agresiva y violenta, crepúsculo y
aurora.
Depositó en mis labios sus
labios, entregados
a amar con besos tenues y
besos prolongados.
Y al acercar mi boca a los duros
pezones
sentí el salvaje instinto de tigres
y leones.
Sus muslos me ofrecían la
invitación callada
de atravesar su carne al filo de
mi espada.
Palpé su piel vibrante, su vientre
estremecido,
y la humedad ardiente del
recóndito nido.
Era un canto a la vida, manojo
de temblores,
estallido en la sombra de
ocultos interiores.
Y era el rumor alegre del agua
entre las rocas,
y el clarín que se anuncia con
esperanzas locas.
Y un firmamento cálido,
envolviendo en su seno
el murmullo del aire y el rugido
del trueno.
Y una lluvia ligera su ternura
incesante,
y un huracán furioso sus
pasiones de amante
y al despertar del sueño que
soñaba despierto,
sin haber recogido las rosas de
su huerto,
abrumado del peso sentido en
el instante,
maldije los amores del amante
distante.

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