Que nadie sabe
Como volaba el pensamiento mío...
se adivinaba por su rumor;
bajo la peña, el río,
y las voces del viento preludiaban
un canto mudo en el pinar sombrío.
Como una bruma de melancolía
una suave calma compasiva
paso acariciándome, en el alma mía.
¡Tu que estas en mi, amor; a toda hora
nunca has estado en mi, como ese día!
Quise gritar mi pena
ante la soledad de los caminos,
alfombrados de flores y la serena
quietud de sombras, de la tarde llena
de olor de mares y rumor de olas.
¡Lo quiero!, dije con fervor sincero.
¡Lo quiero!, repetí, y el aire blando
con un rodar de voces fue repitiendo
desde la tierra hasta el cielo, ¡lo quiero!
Silencié el eco, y amordece mi noche.
Y el alma mía volvió a encerrarse
en la melancolía de este secreto amor;
que nadie sabe y del que nada espero.
Solo supo el agua que corría
y una flor desvelada que tenía;
¡Una cita de amor con un lucero!

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