sábado, 3 de diciembre de 2016

Rendirse jamas

Rendirse Jamas

Nuestra vida esta llena de sueños. Pero soñar es una cosa y ver que hacemos
con nuestros sueños es otra.

Por eso, la pregunta es, que hicimos, que hacemos y que haremos con esa
búsqueda llena de esperanzas que los sueños, ellos, prometieron para bien y
para mal a nuestras ansias.

El sueño del que hablamos no es una gran cosa en si mismo: una imagen de
algo que parece atractivo, deseable o por lo menos cargado de cierta energía
propia o ajena, que se nos presenta en el mundo del imaginario. Nada mas y
nada menos.

Pero si permito que el sueño me fascine, si empiezo a pensar "que lindo sería", ese sueño puede transforme en una fantasía. Ya no es el sueño mientras duermo. La fantasía es el sueño que sueño despierto;
el sueño
del que soy consciente, el que puede evocar, pensar y hasta compartir. "Que
lindo sería"es el símbolo de que el sueño se ha transformado.

Ahora bien, si me permito probarme esa fantasía, si me la pongo como si
fuese una chaqueta y veo que tal queda, si me miro en el espejo interno
para ver como me calza y demás... entonces la fantasía se vuelve una ilusión. Y una ilusión es bastante mas que una fantasía, porque ya no lo pienso en términos de que sería lindo, sino de "como me gustaría". Porque ahora es mía.

Ilusionarse es adueñarse de una fantasía. Ilusionarse es hacer propia la imagen soñada.

La ilusión es como una semilla: si la riego, si la cuido, si la hago crecer, quizás se transforme en deseo. Y eso es mucho mas que una ilusión, porque el "que lindo sería" se ha vuelto un "yo quiero". Y cuando llegó ahí, son otras las cosas que me pasan. Me doy cuenta de que aquello que "yo quiero" forma parte de quien yo soy.

En suma, el sueño ha evolucionado desde aquel momento de inconsciencia inicial, hasta la instancia en que claramente se transformo en deseo sin perder el contenido con el cual nació.

Sin embargo, la historia de los sueños no termina aquí, muy por el contrario, es precisamente acá, cuando percibo el deseo, donde todo empieza.

Es verdad que estamos llenos de deseos, pero estos por si mismos no conducen
mas que a acumular una cantidad de energía necesaria para empezar el proceso
que conduzca a la acción. Porque... ¿que pasaría con los deseos si nunca llegaran a transformarse en una acción?

Simplemente acumularíamos mas y mas de esa energía interna que sin vía de
salida terminaría tarde o temprano explotando en algún accionar sustitutivo.

Si un sueño permanece escondido y reprimido puede terminar en un deseo que
enferma, volviéndose síntoma; y aún so con suerte no llegara a somatirzarse
el deseo sin acción es capaz de interrumpir toda conexión pertinente con
nuestra realidad de aquí y ahora.

El deseo es nada mas y nada menos que la batería, el nutriente el combustible de cada una de mis actitudes.

El deseo adquiere sentido cuando soy capaz de transformarlo en una acción.

El deseo me sirve únicamente en la medida en que se encamine hacia la acción
que la satisfaga. Nuestra mente trabaja en forma constante para transformar
cada deseo en alguna acción.

Cada cosa que yo hago y cada cosa que decido dejar de hacer esta motivada
por un deseo, puedo yo identificarlo.

Autor: Jorge Bucay



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