- Hay una palabra sagrada, verdadera, importante, y que sin embargo, muchas veces decimos a la ligera.
- La decimos sin pensar, a un vecino, al compañero de trabajo, a las personas que circunstancialmente conocemos. La decimos cuando presentamos a alguien que no conocemos mucho, la decimos cuando nos referimos a alguna persona que no "pesa" demasiado en nuestra vida...
- Es una palabra que se acomoda, que queda bien. Pero, a pesar de eso, nosotros sabemos, en nuestro corazón, quienes son merecedores de esa palabra, de ese título, mas importante aún, que todos aquellos llamados "de nobleza".
- Es a ellos a quienes hoy, quiero decirles lo mucho que me importan, y lo imprescindibles que han sido y que son en mi vida. Y va en mi reconocimiento todo mi amor y la promesa de que sabré corresponder a esa amistad con lo mejor de mi persona, con mis mejores sentimientos.
- Ellos son los amigos que están y los que han ido. Los de la infancia, los de la juventud y los de la edad madura. Los que viven cerca y los que viven lejos. Los que puedo abrazar y decirles lo mucho que los quiero y los que se comunican conmigo a través de mi ordenador.
- Estos últimos, merecen un capítulo aparte, porque me han acompañado en mis horas de dolor y en las alegres también, sin conocerme. Han llorado y han reído conmigo.
- Se enciende mi pantalla y allí están, son muchos con distintos nicks, pero con las mismas ansias de compartir, de agradar, de dar. Ellos se entregan sin condiciones, me sirven de oreja, y me brindan su amor incondicionalmente. No necesitan "ponerse lindos" para agradar, porque ellos solo muestran su interior, su alma, su corazón.
lunes, 13 de noviembre de 2017
Hay una palabra.
Hay una palabra.
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