lunes, 13 de noviembre de 2017

Hay una palabra.

Hay una palabra.


  • Hay una palabra sagrada, verdadera, importante, y que sin embargo, muchas veces decimos a la ligera.
  • La decimos sin pensar, a un vecino, al compañero de trabajo, a las personas que circunstancialmente conocemos. La decimos cuando presentamos a alguien que no conocemos mucho, la decimos cuando nos referimos a alguna persona que no "pesa" demasiado en nuestra vida...
  • Es una palabra que se acomoda, que queda bien. Pero, a pesar de eso, nosotros sabemos, en nuestro corazón, quienes son merecedores de esa palabra, de ese título, mas importante aún, que todos aquellos llamados "de nobleza".
  • Es a ellos a quienes hoy, quiero decirles lo mucho que me importan, y lo imprescindibles que han sido y que son en mi vida. Y va en mi reconocimiento todo mi amor y la promesa de que sabré corresponder a esa amistad con lo mejor de mi persona, con mis mejores sentimientos.
  • Ellos son los amigos que están y los que han ido. Los de la infancia, los de la juventud y los de la edad madura. Los que viven cerca y los que viven lejos. Los que puedo abrazar y decirles lo mucho que los quiero y los que se comunican conmigo a través de mi ordenador. 
  • Estos últimos, merecen un capítulo aparte, porque me han acompañado en mis horas de dolor y en las alegres también, sin conocerme. Han llorado y han reído conmigo.
  • Se enciende mi pantalla y allí están, son muchos con distintos nicks, pero con las mismas ansias de compartir, de agradar, de dar. Ellos se entregan sin condiciones, me sirven de oreja, y me brindan su amor incondicionalmente. No necesitan "ponerse lindos" para agradar, porque ellos solo muestran su interior, su alma, su corazón.



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