La oscuridad rebelde
encierra tréboles
en su vientre,
se acurrucan,
sutilizan sus veloces
y mágicos destellos.
Te penetro
con los roces audaces
de mis dedos,
estigmatizo con humedad
tus senos puberes;
rueda tu carmín
por mis labios
sin preámbulos, ni velas.
Eres joven luna:
el farol que alumbra
mi musgo negro,
poda con amor
en tus bustos místicos
la muerte y mi silencio.
ven, aproxímate,
en tu flora
acoge la levedad
de mis deseos,
permiteme abrir
la cerradura de tu aura.
Y seré un pobre prologo
en la rica sinfonía
de tu vaivén divino.
Escuchara el preludio
de mi voz.
surcar tu monte
como un águila salvaje.
Que se sature el viento
con tus espasmos.
Ven, yace placida,
se mi sombra, goza
mi puñal armónico
en tu alcoba de suspiros.
Me dices,
te digo,
me besas,
te beso,
somos, inconscientes
raíces humedecidas
en el tantrico misterio.
Esconderé mi cabeza
en la hondura de tu abismo,
arriba, luna,
se escuchara el regreso
del fénix
venir cantando sutras.
Ven, deja que desnude
tu mándala secreto,
que beba la miel
de tus entrañas. Ven y besa
con tu luz
mi oscura niebla,
y entonces luna, entonces
nacerán el alba,
dos luces y un universo.

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