No tengo besos
Un día me dijiste,
que querías escuchar
en el interior de las piedras
el murmullo del paso del tiempo.
Te dije, que en una piedra redonda
hay mucha sabiduría.
Tuvo que rodar mucho,
para limar las infinitas
aristas que formaron, un día lejano,
la caprichosa e irregular forma geométrica
de su juventud antigua.
Fueron infinitos golpes,
los que escupieron la suave apariencia
que ahora presenta.
En su interior escucharás
simples verdades capaces, por si solas,
de justificar, entre otras cosas,
que la belleza no se ve
con los ojos de la cara,
que el cariño no se pesa,
que la amistad sale del corazón,
que la humildad es la única maestra,
y que el amor no se agota.
Que si un beso es un adiós...,
no tengo besos.

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