domingo, 24 de julio de 2016

¿Vendrás?

¿Vendrás?

Me llegaron tus rosas, no tus brazos,
y no saben sus pétalos besarme;
¿me dejarás como ellas marchitarme,
con la esperanza rota en mil pedazos?
Resuena como un eco mi gemido
por las hondas cavernas del recuerdo;
contigo amé y reí; y hoy que te has ido,
el pan amargo de tu ausencia muerdo.
Vendrá, vendrá, no puede haberse ido
definitivamente;
solo el río prosigue el recorrido
sin regresar jamás hacia la fuente.

El estará al llegar; no se ha ausentado;
emergerá en la curva del sendero,
y de nuevo a mi lado,
volverá a ser amante y compañero.
Ella
Vendrá, tal vez, trayendo perspectivas
que tuve y olvidé, gocé y perdí;
y lucharé por mantenerlas vivas,
y me daré como jamás mi di.
Y mi horizonte, que hoy desvanecido,
se perfila en silueta nebulosa,
en su presencia cobrara sentido,
con su línea quebrada luminosa.
Volverá mi paisaje a ser completo,
en mi, y en derredor, y en lejanía,
colgada de su cuello, su amuleto,
muerta la sombra de la noche fría.
No mas en tierra extraña peregrino,
agorero de rostros y lenguajes,
desentrañando apenas los mensajes
cruzados a mi paso en el camino.
Dentro de mi persiste cristalino
el mas espléndido de los paisajes;
¿Quien precisa de exóticos viajes,
si el punto de partida es su destino?
Esculpida en mi propia roca viva
quedaste un día, y yo fui a la deriva,
intentando suplirte u olvidarte.
Y en la banalidad de cada encuentro,
llegué a saber que lo llevo dentro
es de mi realidad la mejor parte.




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