jueves, 14 de agosto de 2014

LAGRIMAS DE ECO

Lagrimas De Eco

"Sigo. Escuchando voces,
tal vez muy antiguas. No consuelan."

La rama del sauce rozaba el suelo,
la acariciaba, barría su territorio
de partículas contaminadas
pero de colores llamativos
al compás del viento.

Ya no lloraba. No tenia con que.

Un hermoso eucalipto, altanero.
Le tapaba al sol,
se bebía su agua subterránea,
le insultaba sin saber hablar
y la luna le tapo
en cada noche de insomnio.

Cada día, un perro mil leches
marca su territorio
en el tronco que fue fino y ardiente,
ardor de savia arropado
por anillos y una corteza,
donde un machete hace cosquillas.

Llego a ser frondoso, su sombra
rozo el horizonte a oriente
las tardes en las que las nubes
desaparecen asustadas ante la evaporación
de ideas vagas y destrabajadas.

La tierra no le responde.
Los últimos años de paciencia
transcurren escuchando un chirrido
y unos chillidos. De un columpio
desangrado, de unos niños alegres.

Tose en la madrugada
mientras barre sin cesar el suelo,
esperante de un gorrión se pose
en alguna de sus ramas. Deshojadas.
Esperante de una sierra mecánica
con las fauces abiertas,
esperando ser convertido en serrín
por la mano del hombre.

  

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