A sabiendas que era un sueño
Ella tiene su mirada de tristezas,
tiene su boca de granada,
su cintura de mística sirena
y su andar tan cadencioso,
mas hizo que hizo que por eso perdiera la cabeza,
convirtiéndola iluso en la mujer amada,
desde en ese entonces envenenó mis venas,
provocándome sentimientos hermosos.
En una de las múltiples noches,
soñaba que ella locamente me quería
y aun cautivo del ensueño,
yo también le decía que la amaba,
mas creyendo concretar el pasional derroche
y a sabiendas de que yo dormía,
quise despertar de ese sueño,
sin saber que este ensueño terminaba.
Desde ese arrobante sueño,
ya no quisiera dormir,
porque temo que ya no seras mías,
a lo mejor mi esperanza termine en nada,
donde ya de nada ser dueño,
sin ánimo de poder vivir,
quedando cautivo de la melancolía,
desapareciendo así mi bendita hada.
Autor: Amelio Rodriguez

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