viernes, 18 de julio de 2014

EL VERDADERO MIEDO

El verdadero miedo 

Un sultán decidió hacer un viaje en barco con algunos de sus mejores cortesanos. Se embarcaron en el puerto de Dubai y zarparon en dirección al mar abierto.Entretanto, en cuanto navío se alejo de tierra, uno de los súbditos, que jamas había visto el mar y había pasado la mayor parte de su vida en las montañas, comenzó a tener un ataque de pánico.
Sentado e la bodega de la nave, lloraba, gritaba y se negaba a comer o a dormir. Todos procuraban calmarlo diciéndole que el viaje no era tan peligroso, pero aunque las palabras llegasen a sus oídos no llegaban a su corazón. El sultán no sabia que hacer, y el hermoso viaje por aguas tranquilas y cielo azul se transformo en un tormento para pasajeros y la tripulación.
Pasaron 2 días sin que nadie pudiese dormir con los gritos del hombre. El sultán ya estaba a punto de mandar volver al puerto, cuando uno de sus ministros, conocido por su sabiduría, se lo aproximo:
- Si su alteza me da permiso, ya conseguiré calmarlo.
Sin dudar un instante, el sultán le respondió que no solo se lo permitía, sino que seria recompensado si conseguía solucionar el problema.
El sabio entonces pidió que tirasen al hombre al mar. En el momento, contentos de que esa pesadilla fuera a terminar, un grupo de tripulantes agarro al hombre que se debatía en la bodega y lo tiraron al agua.
El cortesano comenzó a debatirse, se hundió, trago agua salada, volvió a la superficie, grito mas fuerte aun, se volvió a hundir y de nuevo consiguió reflotar. En ese momento, el ministro pidió que lo alzasen nuevamente hasta la cubierta del barco.
A partir de aquel episodio, nadie volvió a escuchar  jamas cualquier queja del hombre, que paso el resto del viaje en silencio, llegando incluso a comentar con uno de los pasajeros que nunca había visto nada tan bello como el cielo y el mar unidos en el horizonte. El viaje, que antes era un tormento para todos los que se encontraban en el barco, se transformo en una experiencia de armonía y tranquilidad.
Poco antes de regresar al puerto, el sultán fue a buscar al ministro:
-¿Como podías adivinar que arrojando a aquel pobre hombre al mar se calmaría?
-Por causa de mi matrimonio - respondió el ministro.- Yo vivía aterrorizado con la idea de perder a mi mujer, y mis celos eran tan grandes que no paraba de llorar y gritar como este hombre. Un día ella no aguanto mas y me abandono, y yo pude sentir lo terrible que seria la vida sin ella. Solo regreso después de prometerte que jamas volverá a tormentarla con mis miedos. De la misma manera, este hombre jamas había probado el agua salada y jamas se había dado cuenta  de la agonía de un hombre a punto de ahogarse. Tras conocer eso, entendió perfectamente lo maravilloso que es sentir las tablas del barco bajo sus pies.
-Sabia actitud- comento el sultán. Ciertas personas solo consiguen valorar lo que tienen cuando experimentan la sensación de su perdida.

       

 

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